El huevo es uno de los alimentos más populares en nuestra dieta y desde luego motivos no nos faltan pues es sano, riquísimo y completo. Huevos rellenos, cocidos, revueltos, en nuestra maravillosa tortilla de patatas, como ingrediente en mil recetas… Además, son el as en la manga que se guarda la abuela cuando cree que después de tres platos de potaje, te has quedado con hambre y te suelta lo de “¿te frío un huevo?”.
Índice de contenidos
Propiedades del huevo
El huevo, además de ser una fuente proteica de excelente calidad, contiene numerosos macro y micronutrientes que lo convierten en un elemento esencial en nuestra dieta.
Debido a la amplia gama de vitaminas y oligoelementos que aporta, su efecto antioxidante puede ayudar a proteger nuestro organismo frente a ciertos procesos degenerativos (cáncer, diabetes, cataratas) y enfermedades cardiovasculares.
La colina presente en el huevo es un elemento esencial en la construcción de las membranas celulares y de neurotransmisores: su presencia está ligada a la reducción de probabilidad de sufrir problemas de memoria, hepáticos, de crecimiento o infertilidad.
El huevo es un alimento completo, sano, fácilmente digerible y masticable, apto para toda la población, con innumerables posibilidades de cocinado y con un coste bastante razonable.
Composición del huevo
A continuación enumeramos el contenido de 100 gamos de huevo.
| Por cada 100 g |
(2 huevos medianos) |
| Valor energético | 150 kcal |
| Proteínas | 12,5 g |
| Hidratos de carbono | 0,68 g |
| Grasas | 9,7 g |
| Ácidos grasos saturados | 3,1 g |
| Ácidos grasos monoinsaturados | 3,9 g |
| Ácidos grasos poliinsaturados | 1,7 g |
| Sal | 0,36 g |
Además, el huevo contiene vitaminas A, D, E, B2, B12 y minerales esenciales como fósforo, selenio, hierro, yodo, zinc.
Peligros y precauciones con el huevo
Salmonelosis
Uno de los mayores peligros asociados al huevo es la salmonelosis, provocada por la bacteria salmonela, presente en la cáscara. Hoy en día, los hábitos de higiene, los estrictos controles y la trazabilidad de los alimentos, hacen que los brotes de salmonelosis sean mucho menos graves y frecuentes. Aun así debemos extremar las medidas para evitar esta contaminación:
Cuando manipulamos un huevo es muy importante que la cáscara no entre en contacto con el interior de este para no contaminarlo. Debemos cascarlo en un recipiente distinto al del cocinado y distinto del plato donde vamos a comer: así, si algo de cáscara se desprende al abrirlo, estamos a salvo. Si vamos a separar yema y clara, no debemos hacerlo con la propia cáscara del huevo: las manos bien limpias es una herramienta perfecta.
Usemos o no las manos para separar las partes del huevo, siempre nos las lavaremos, al igual que los utensilios de cocina, antes y después de cualquier manipulación. Esta es una medida que hacemos extensible a cualquier alimento.
Otra posibilidad es lavar los huevos, pero EXCLUSIVAMENTE los que vamos a consumir o cocinar inmediatamente. Lo que no se debe hacer es lavar los huevos que vamos a meter a la nevera después de comprarlos ya que el lavado daña la cáscara, la humedece y las posibilidades de contaminación a través de sus poros es mucho mayor.
Otra medida extra de seguridad es cocinar los huevos ya que la salmonela no sobrevive a temperaturas superiores a 70 grados, que suelen ser las más habituales en la cocina.
Curiosidades.
¿Sabías que las gallinas son capaces de poner un huevo al día?
Aunque depende de muchos factores, una gallina joven y bien alimentada es capaz de poner un huevo diario.
¿Sabías que el color de la yema depende de la alimentación de la gallina?
Las gallinas son omnívoras: cuanto más variada sea su alimentación, más color tendrá la yema. Aquellas que sólo comen cereales darán huevos con yemas más claritas. Aunque la industria, que sabe lo que nos gusta, utiliza colorantes en la comida de las gallinas para obtener y vendernos huevos con yemas anaranjadas.
Las gallinas blancas ponen huevos blancos y las gallinas marrones ponen huevos marrones.
No existen diferencias nutricionales entre huevos blancos o marrones. La única diferencia es que los huevos blancos suelen ser un poco más pequeños, porque las gallinas blancas son más pequeñas que las marrones.
La manchita roja que a veces presenta el huevo no es peligrosa.
Se trata de un pequeño resto de sangre debido a la ruptura de algún vaso durante la formación del huevo. No son muy frecuentes porque además se suelen retirar en los centros de producción, pero si llegan a nuestra casa, debemos saber que son perfectamente aptos para el consumo.
Compra y conserva.
El huevo que se comercializa y se consume de manera generalizada es el de gallina, así que vamos a centrarnos en este. En el mercado solemos tener varios tamaños. El mediano (entre 53 y 63 gramos) y el grande (entre 63 y 73 gramos) suelen ser los más comunes.
Como muchos otros alimentos, el huevo tiene su propio DNI impreso en la cáscara. Nos aporta mucha información. Veamos:

C.P. es la fecha de consumo preferente, en este caso el 3 de octubre.
El primer dígito define la forma de cría de las gallinas, sabiendo que:
- 0: huevos ecológicos, gallinas que viven en libertad y son alimentadas con piensos de producción ecológica.
- 1: huevo puesto por un gallina campera, que vive en libertad.
- 2: Huevo puesto por una gallina que se cría en el suelo, pero dentro de nave industrial.
- 3: Huevo puesto por una gallina que se cría en jaula.
Las dos siguientes letras nos indican el país de origen, en este caso España.
El resto de los dígitos nos informan de la provincia, municipio y explotación de la que proceden, lo que garantiza su trazabilidad.
Así que, una vez elegidos y comprados, ¿cómo se conservan mejor los huevos?
Si al llegar de la compra y abrir el envase, vemos algún huevo con la cáscara rota, debemos desecharlo pues puede estar contaminado. Si presenta alguna pequeña fisura, lo consumiremos rápidamente y bien cocinado altas temperaturas.
El resto, lo meteremos en la nevera donde se conservan perfectamente en su envase: los protegemos así de olores, contaminación cruzada y de cambios de temperatura que tan mal le sientan al huevo. Además, tendremos disponible la información que viene en el propio envase.
Solemos ponerlos en la puerta de la nevera, pero quizá no sea el lugar idóneo porque es el más expuesto a cambios de temperatura. Mejor en una de las baldas inferiores para evitar también que contamine otros alimentos.
En nuestro decálogo del buen uso de la nevera encontrarás estos y otros consejos acerca de la conservación de los alimentos.
Cocinado.
Escalfado, cocido, frito, revuelto, en tortilla…La enorme versatilidad del huevo ha dado para mil y una recetas, más o menos exitosas y más o menos saludables. Lo importante es extremar las medidas de higiene, no pasarse de ración y cocinar con poco aceite, probando también, por ejemplo, el huevo a la plancha o al horno. En internet puedes encontrar infinidad de recetas saludables con el huevo como protagonista. Pero ojo, sé crític@, fíjate bien en las malas compañías y no termines haciendo una receta de huevo poché sobre cama de panceta y salchichón.
Aquí te dejamos una comparativa nutricional de algunos tipos de cocinado. ¡¡Fíjate que un huevo cocido tiene un 28% menos de grasas que un huevo frito!!

Como podéis ver, la cantidad de grasa total no coincide con la suma de los distintos tipos de grasas de la tabla. Esto es así porque el método de extracción de esas grasas para su análisis también arrastra otros componentes como acilglicéridos, fosfoglicéridos, esteroides, ceras y algunas vitaminas liposolubles.
Ración saludable.
La mala fama del huevo por su contenido en colesterol ha hecho que históricamente se recomendase no consumir más de 2 o 3 por semana. Actualmente se sabe que la cantidad colesterol del huevo, aparte de no ir acompañada de una cantidad importante de grasas saturadas, no pasa a la sangre en su totalidad y por tanto su riesgo cardiovascular no es tanto como se decía. De ahí que las recomendaciones de consumo se hayan modificado: si en una dieta normal se recomienda consumir 2 o 3 raciones de proteína al día, una de ellas puede ser perfectamente de huevo. Además, ya que las grasas y el colesterol se concentran en la yema, se pueden consumir una yema y varias claras al día sin problema.

Esperamos que con este artículo hayas aprendido un poquito más sobre este maravilloso alimento y que a partir de ahora lo disfrutes un huevo y de manera más saludable.



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