Contracturas: el gran bloqueo circulatorio.

enero 20, 2022

¿Notas el cuello rígido? ¿Tienes dolores de cabeza? ¿Al levantarte por la mañana te cuesta mucho enderezarte? ¿Tienes que cambiar de posición constantemente al conducir? ¿Te empieza a doler la espalda al rato de estar sentad@ en la oficina?

Muchos de estos problemas pueden tener su origen en una contractura muscular.

Índice de contenidos

¿Qué es una contractura?

Se trata de una contracción muscular involuntaria mantenida en el tiempo. Puede afectar a todo el músculo o a una parte de las fibras que lo forman.

Uno de los principales motivos por los que esa contractura se mantiene en el tiempo, es la falta de riego sanguíneo en la zona.

Contracción-acortamiento-engrosamiento.

El músculo, al contraerse, se acorta y se ensancha. Al relajarse, se alarga. Para este mecanismo natural se necesita energía, tanto para contraer el músculo como para relajarlo. Esta energía se la suministra la sangre.

Cuando un músculo se queda contraído durante un tiempo (como por ejemplo al mantener fija una postura), pierde la capacidad de relajarse ya que, al estar ensanchado, comprime los vasos sanguíneos que le suministran la energía.

Ante la falta de circulación, empiezan a almacenarse sustancias inflamatorias en el músculo que, al no poder ser evacuadas, irritan la zona y nos empieza a doler. Ya tenemos una magnífica y dolorosa contractura.   

Una contractura muscular también es capaz de comprimir un nervio, provocando déficits neurológicos de origen muscular. 

Síntomas.

Los más habituales y característicos son el dolor, y la restricción de movilidad. En función del tamaño, de la localización y de las estructuras que comprima la contractura, puede llegar a provocar mareos, dolor de cabeza, hormigueos, debilidad muscular, falsa ciática, etc.

Una contractura muscular puede provocar serios problemas de salud: mareos, dolor de cabeza, somnolencia, hormigueos, debilidad muscular, etc. 

Si la contractura está en un músculo superficial, podemos notar un engrosamiento o abultamiento que llamamos coloquialmente “nudo” y que se acompaña de una tensión y rigidez también palpables.

Causas.

Estrés y ansiedad.

Consideramos que estos factores son los responsable de inmuerables problemas de salud. La musculatura es una gran damnificada. El estrés y la ansiedad alteran el sistema nervioso. Nuestra tensión muscular crece insconsciente e involuntariamente: mantenemos los hombros altos, apretamos la mandíbula, cerramos los puños, entrecortamos nuestra respiración…

Todas estas actitudes ligadas al estrés y a la ansiedad mantienen contraída la musculatura, provocando contracturas y sus nefastas consecuencias.

Malas posturas.

El mantenimiento de malas posturas durante largos periodos de tiempo acorta y tensiona la musculatura: mantener el cuello girado en la oficina, leer de lado en la cama, ver la televisión en malas posturas o quedarnos dormid@s durante un viaje, son algunos ejemplos del posible origen de las contracturas. Los complejos físicos también hacen que mantengamos malas posturas para disimular o tapar aquella parte de nuestro cuerpo que no nos gusta. Tampoco debemos olvidar que las personas con depresión suelen mantener posturas encorvadas, con la cabeza baja y los hombros adelantados, siendo propensas a sufrir contracturas que agravan aún más su situación.

Sobreesfuerzo.

Un esfuerzo al que no estamos acostumbrad@s puede provocar que el músculo sea incapaz de relajarse y aparezcan contracturas. Las personas en buena forma física las sufren menos ya que el entrenamiento hace que las cargas cotidianas no suponen un sobreesfuerzo para ellas.

Mala condición física.

El sedentarismo provoca atrofia muscular y debilidad progresivas. Esto lleva a que cualquier esfuerzo, incluso cotidiano, sobrecargue nuestra musculatura y aparezcan contracturas.

Tratamiento.

Calor.

La contractura muscular es una zona isquémica, es decir, sin riego sanguíneo. Las venas y arterias están bloqueadas por el engrosamiento del músculo. Una medida muy efectiva para provocar la vasodilatación y que la sangre vuelva a circular por el músculo es el calor. Agua caliente, toallas húmedas, saquitos de semillas…

Cualquier fuente de calor será bien recibida por un músculo tenso. Además, el calor es en sí mismo un placentero y relajante analgésico, ayudando esto también a reducir la actividad contráctil y eliminar así la contractura.

Se puede aplicar varias veces al día y combinarse con otros tratamientos.

Reposo activo.

Si la contractura ha sido provocada por un gesto o un sobreesfuerzo inusual y el dolor es muy agudo, el reposo relativo evitando ese gesto o actividad temporalmente, será lo más prudente. Hablamos de un reposo relativo y selectivo, no absoluto. Todos aquellos movimientos y gestos que no provoquen dolor se pueden y se deben hacer. Así evitaremos que la situación se agrave aún más, con mayores restricciones de movilidad y atrofia. También el movimiento aumenta temperatura, algo que le viene muy bien al músculo. La actividad física, además, favorece la relajación post ejercicio, mejorando también el estado de la contractura.

Estiramientos.

Siempre que no exista ninguna contraindicación, los estiramientos ayudarán a restablecer el tono y la longitud muscular de reposo. Se deben realizar cuando el músculo está caliente, así que combinar los estiramientos con el calor es una muy buena estrategia.

Es importante realizarlos de manera lenta y progresiva para evitar el dolor y la probable contracción muscular defensiva.

Es importante no bloquear la respiración. Las respiraciones profundas y lentas ayudan a relajar la musculatura y a avanzar en el estiramiento.

Masaje.

Los masajes son estiramientos manuales localizados. Al presionar directamente sobre la contractura espachurrándola, tratamos de deshacer los “nudos” que se crean, recuperando así la longitud y el tono muscular de reposo. Además, los masajes provocan un aumento de temperatura que le viene de perlas al músculo. Igualmente, el masaje es un estímulo táctil que llega cerebro, distrayéndolo, siendo por tanto una medida analgésica directa.

Modificación de hábitos.

Malas posturas, cargas excesivas, nutrición e hidratación incorrectas, sedentarismo, estrés… Si no modificamos todos estos factores, pronto volverán las contracturas y sus consecuencias.

Un tratamiento multidisciplinar con profesionales de la salud te ayudará a poner en orden todos estos aspectos.

Ponte en sus manos, YA.

¡Ánimo!

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