Después de las navidades, antes del veranito, tras los excesos estivales… Existen ciertas épocas del año en las que deseamos quitarnos peso a la desesperada.
Buscamos soluciones rápidas infalibles, métodos mágicos o bien optamos por una dieta tremendamente estricta y restrictiva. Tomar estos atajos buscando pérdidas de peso rápidas lleva consigo ciertos inconvenientes, entre ellos el famoso efecto rebote.
Índice de contenidos
Efectos de una dieta hipocalórica extrema.
Estrés y ansiedad.
Cuando empezamos una dieta hipocalórica severa, estamos sometiendo el cuerpo a un estrés y ansiedad muy importantes: pasamos hambre, nos cambia el humor, estamos irritables… ¿Perdemos peso? Sí, claro, pero será pasajero y pagando un alto precio:
El estrés altera nuestro metabolismo y está relacionado con el aumento de peso, concretamente de grasa abdominal.
Modo ahorro de energía.
Ante la falta de glucosa, empezamos a consumir fundamentalmente músculo y algo de grasa. El cerebro detecta la bajada de reservas y el hipotálamo activa el sistema de ahorro de energía. Para ello reduce el metabolismo al mínimo necesario para realizar funciones vitales y empieza a almacenar grasa.
El cuerpo empieza a almacenar en forma de grasa todo lo que ingerimos, pues es una gran fuente de energía que garantiza por más tiempo la supervivencia.
El cerebro no sabe si estás con la tontuna de perder peso rápidamente o si tu cuerpo está afrontando un periodo de hambruna de duración incierta. Así que no se lo piensa: supervivencia.
Fatiga y lentitud.
Durante las dietas estamos más fatigad@s y lent@s porque ya no tenemos la glucosa de los carbohidratos, que es una fuente esencial de energía rápida. Tenemos que tirar consumiendo sobre todo músculo y algo de grasa.
La pérdida de masa muscular reduce aún más el metabolismo: menos músculo, menor gasto energético.
Pasamos a vivir a cámara lenta, cansad@s y, probablemente, de muy mala leche.
¿Y la actividad física?
Estas dietas hipocalóricas no suelen mencionar mucho acerca de este aspecto. Es normal que tampoco puedan recomendar una actividad moderada o vigorosa frecuente: con la pérdida de masa muscular, el metabolismo reducido y sin hidratos de carbono como fuente de energía, es prácticamente imposible entrenar con cierta intensidad.
Sin actividad física regular, ninguna pérdida de peso será duradera y saludable.
Fin de la dieta: llega el atracón.
Esas dietas no pueden mantenerse durante mucho tiempo, ya que son muy extremas, monótonas y con grandes carencias. Una vez acabadas, tu cerebro no olvida lo que le has hecho a tu cuerpo, y manda la señal que tod@s querríamos no recibir: ¡¡¡¡buffet libre!!!! El cerebro no sabe cuándo llegará otra hambruna y tiende a hacer acopio de reservas. Pero nosotros sí sabemos que esos periodos de carencia de alimentos y hambruna no llegarán y deberíamos, por tanto, frenar esos atracones. Además, solemos atiborrarnos de aquello de lo que le nos hemos privado durante la dieta: grasas, pastas, salsas, etc. Un auténtico despropósito.
Atracón + metabolismo disminuido: el combo letal.
Estos atracones post dieta pillan a nuestro metabolismo a traspiés, que está aún en modo ahorro. Hasta que el cerebro no reciba la señal de que ya hay reservas de sobra, seguirá acumulando sin quemar prácticamente nada. La ganancia de nuestro peso previo, o puede que más, está garantizada. Además, será fundamentalmente grasa.
Incluso siendo fuertes y frenando nuestros impulsos, el mero hecho de volver a rutinas nutricionales normales, llevaría a recuperar algunos kilos perdidos: al tener menos músculo (menor gasto calórico) y un metabolismo aún en modo ahorro recuperaremos gran parte de lo perdido.
Esperamos que ya tengáis suficientes motivos para evitar este tipo de dietas tan restrictivas y tan poco efectivas a largo plazo.
Cambia tus hábitos de vida, ponte en manos de profesionales de la salud, disfruta de la comida sana y de la actividad física diaria. Merecerá mucho la pena, muchísimo.
¡Ánimo!



Recent Comments