Decálogo del buen uso de la nevera

uso nevera

febrero 6, 2021

¿Cómo colocar los alimentos en la nevera? ¿Dónde va ese limón medio pocho? ¿Dónde coloco los embutidos? ¿Cómo los guardo para que aguanten más? ¿Qué pongo arriba y qué pongo abajo? ¿Qué alimentos coloco al fondo? ¿Qué alimentos aguantan más? ¿Cuál es la temperatura óptima de la nevera?

Sí, todos nos hemos enfrentado a estas preguntas o quizá tengamos hábitos tan arraigados que ni nos planteamos estos dilemas. Puede que estemos cometiendo errores a la hora de colocar las cosas en la nevera, acortando su vida o perdiendo algunas propiedades.

Aquí os dejamos este decálogo del buen uso de la nevera que esperemos os sirva de ayuda. También puedes descargarlo pinchando sobre la imagen, imprimirlo y ponerlo con un imán en la puerta de nuestra gran amiga.

Índice de contenidos

Ni muy fría ni muy llena, debe estar nuestra nevera, lo ideal son 4 grados y que el aire bien se mueva.

Por normal general, los frigoríficos se mantienen a una temperatura entre 3 y 5 grados, aunque lo conveniente será leer las instrucciones del fabricante. Es importante que esta temperatura se mantenga constante, y que el aire pueda circular entre los diferentes alimentos y productos. Si llenamos mucho la nevera y apelotonamos comida bloqueamos el aire, que no podrá circular adecuadamente, impidiendo la refrigeración. Además, si llenamos mucho la nevera, gastará más electricidad para intentar mantener la temperatura idónea.

Carne y pescado frescos, abajo tienen su hueco; es el rincón más frío, y no perjudican el resto.

Además de ser la parte más fría de la nevera, es la parte “más segura” en caso de vertidos indeseados que a veces se escapan de los envoltorios de carnes y pescados. Colocándolos en baldas intermedias o superiores corremos el riesgo de manchar y contaminar todo lo que esté por debajo.

Frío con tiento y mesura, quieren frutas y verduras, muchas de hecho prefieren, una despensa oscura.

Cada fruta y verdura tiene características únicas, lo cual unido a los diferentes momentos de maduración, harán que la necesidad de estar en la nevera sea distinta y pueda incluso cambiar. No es objeto de este artículo enumerar una a una las características y necesidades de cada fruta o verdura, pero daremos unas indicaciones generales. En el caso de guardarlas dentro del frigorífico, su sitio es el cajón pues ofrece una temperatura estable, no muy fría y un aislamiento necesario que evita el contacto con otros alimentos y su posible contaminación.

Frutas

La inmensa mayoría están mejor fuera de la nevera. Si bien se conservan mejor dentro, no madurarán o perderán sabor y olor. Podemos tenerlas en una despensa, evitando las fuentes de luz y calor, viendo su evolución y metiéndolas cuando estén maduras. Si nos gusta comer la fruta fría, también la podemos meter unas horas antes de consumirlas. Las peras y las manzanas, así como fresas y cerezas, se conservan bien en la nevera. Aguantan bien el frío y maduran sin problema. Todas ellas irán en el cajón, aisladas en bolsas o tuppers.

Verduras

La lechuga y hoja verde en general van en la nevera, en el cajón y bien protegidas y tapadas para evitar se sequen y se pongan verde oscuro. La lechuga si la lavas, la secas bien (fundamental) y la guardas troceada en un tupper, te durará incluso una semana.

Los ajos, las patatas y las cebollas pierden muchas propiedades en la nevera. Es mejor fuera, protegidos con papel de periódico, en un cajón a oscuras para evitar que echen tallos.

Zanahorias, calabacines, pimientos y pepinos aguantan bien el frío de la nevera, pero hay que vigilar que no se sequen.

Los tomates pierden mucho sabor en la nevera, así que mejor fuera, aunque si nos gusta comerlos fríos, podemos meterlos unas horas antes de consumirlos.

Las legumbres secas, así como las cocidas en botes sin abrir, van fuera de la nevera. Si están ya guisadas o el bote está abierto, a la nevera.

Salsas, leche y mermelada, estarán bien en la puerta, anotando eso sí, qué día fueron abiertas.

Es importante etiquetar todos estos productos una vez abiertos porque, aunque tienen bastante vida en la nevera, no es cuestión de que vivan dos glaciaciones y nos llevemos una sorpresa desagradable. La costumbre de etiquetar es buena para todos los productos y alimentos que metamos en la nevera o el congelador: nos ayudará a tirar menos comida. Cuidado con la mayonesa casera u otras salsas elaboradas con huevo crudo: no hay que guardarlas más de dos o tres días, muy bien tapadas. Si han pasado mucho tiempo fuera de la nevera, mejor tirarlas directamente. La ensaladilla rusa que queda en el picnic se queda en el picnic.

Las lentejas, aun calientes, nunca irán a la nevera, mételas en varios tupper, lo más arriba que puedas.

Es cierto que cuanto antes se enfríen los guisos y platos preparados, mejor se conservarán y habrá menos riesgo de contaminación. Pero también es cierto que meterlos calientes en la nevera, tiene varios inconvenientes: la nevera, en su lucha por mantener una temperatura constante entre 3 y 5 grados, va a tener que trabajar a todo trapo para compensar la subida de temperatura que ha generado la cacerola con el guiso humeante. Por lo tanto, el consumo energético y la factura aumentan. Además, todos los alimentos que están en la nevera, especialmente los que están pegados a la olla caliente, van a sufrir un incremento de temperatura, pudiendo estropearse más fácilmente.

Lo ideal sería dividir la comida caliente en varios recipientes donde vamos a conservarla para que así se enfríe antes y una vez templada, sin alargar tampoco en exceso el tiempo fuera de la nevera (2h max), meterla. También se puede acelerar este proceso de enfriamiento, metiendo los envases en un baño de agua con hielo si queremos meterlos cuanto antes en la nevera.

Las sobras y platos cocinados van en la parte superior de la nevera: no necesitan tanto frío como los productos frescos y evitamos también la contaminación cruzada.

Embutido y queso abiertos, hay que tener bien cubiertos, envueltos y bien tapados, se quedarán menos secos.

Cuando los paquetitos están abiertos o si nos los han cortado en la tienda, debemos asegurarnos de protegerlos bien con papel y en fiambreras con tapa en la nevera, pues tienden a secarse con facilidad. Podemos sacarlos un rato antes de consumirlos para que se atemperen y poder disfrutar de sus aromas y sabores.

Descongela en la nevera, siempre en la parte abajo, usa un tupper con rejilla, o un escurridor con plato.

Siempre se debe descongelar de manera progresiva y el mejor lugar para ello, es la parte de abajo de la nevera. Es importante utilizar un recipiente o tupper con rejilla, para que el “líquido” que va soltando el producto al descongelarse, se pueda ir colando al recipiente, evitando así que esté en contacto con la comida. Un escurridor con un plato debajo también serviría. La bandeja inferior de la nevera, además de ser la zona más fría y permitir descongelar lentamente, evita otros “daños colaterales”: Si llevamos a cabo este proceso en las baldas altas de la nevera corremos varios riesgos: si no hemos calculado bien el tamaño del recipiente para descongelar, puede que rebose y ese “liquidillo” nos manche toda la nevera y nos contamine el resto de los alimentos con los que va a ir contactando en su “cascada maldita”.

Si quieres agua muy fría, no la tengas en la puerta, es el lugar menos fresco, con tanto trasiego que lleva.

La puerta de la nevera es el lugar menos frío pues está expuesta a la temperatura externa cada vez que la abrimos. En la parte inferior de la misma, es donde solemos colocar jarras de agua y otras bebidas que, sin duda, estarán frescas. Pero si eres un fan de las bebidas muy frías, será mejor que las coloques en la parte inferior de la nevera y bien pegadas al fondo. Allí encontrarás la felicidad.

Temperatura constante busca el huevo en la nevera. Si lo guardas “punta abajo”, protegerás más la yema.

Los huevos, a pesar de que en los supermercados no están en las zonas refrigeradas, lo cierto es que, en casa, deben estar en la nevera, no tanto porque necesiten mucho frío, sino porque es la manera de garantizar una temperatura constante. Son muy sensibles a los cambios de temperatura, que implican dilatación y contracción de su película interna protectora. Si esta se rompe, la barrera de protección frente a la cáscara desaparece y las posibilidades de contaminación se multiplican. No olvidemos que la cáscara del huevo está llena de poros por los que puede entrar al interior cualquier mal bicho, especialmente la salmonela.

Tradicionalmente los huevos se dejan en la puerta de la nevera, pero lo cierto es que están mejor en las baldas intermedias y colocados con la “punta” o parte más estrecha hacia abajo. Eso evitará que la yema se pegue a las paredes del huevo y estará más protegida.

Hay que limpiar la nevera, una vez a la semana, o pronto será el “Benidorm”, de la contaminación cruzada.

Tantos viajes a la nevera, metiendo y sacando diferentes alimentos, bebidas, productos, salsas etc, hacen que poco a poco se vaya ensuciando. Debemos limpiarla a menudo, retirando restos de comida, líquidos etc, pues son una fuente de contaminación para el resto de los alimentos que están en buen estado.

¡¡¡Venga, levantad el culo, que tenéis faena!!!

 

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