Tortícolis: qué es y cómo tratarla

enero 13, 2022

¿Te has levantado alguna vez con el cuello bloqueado? ¿Estás más tieso que un tronco? ¿No puedes girar la cabeza? Es muy probable que sufras lo que se denomina tortícolis común.

Índice de contenidos

¿Qué es la tortícolis?

La tortícolis común es una contracción muscular mantenida de los músculos del cuello, fundamentalmente del elevador de la escápula y del esternocleidomastoideo. Existen otros tipos de tortícolis como la congénita, la idiopática o la espasmódica psicógena. Pero vamos a centrarnos en la más frecuente, que es la de origen muscular.

Síntomas.

Lo más característico de la tortícolis es el espasmo doloroso y la rigidez de cuello, que imposibilita girar la cabeza. En función del grado de afectación y los músculos implicados, puede acompañarse de dolor de cabeza, mareos, dolor de hombro, brazo y mano.

Causas.

La causa más habitual de este tipo de tortícolis suele ser una contracción mantenida en el tiempo, sobre todo al prolongar malas posturas al dormir o al realizar alguna actividad como, por ejemplo, pintar un techo. También un accidente de coche puede desencadenar una reacción muscular defensiva, que termine provocando una tortícolis.

Tratamiento.

Según el origen de la tortícolis, el tratamiento será uno u otro. Vamos a dar unas indicaciones para aliviar el problema más común, que suele ser de origen muscular. Si el dolor es muy agudo y no nos permite hacer nada, habrá que consultar al médico, seguir sus pautas y esperar a que amaine la molestia.

Cuando el dolor y la tensión son soportables, hay que intentar moverse cuanto antes.

Como hemos comentado, el elevador de la escapula y el esternocleidomastoideo suelen ser los músculos más afectados en la tortícolis y nos centraremos en ellos. Como veis en la imagen, tenemos acceso directo al esternocleidomastoideo y es muy visible y fácilmente reconocible y palpable. En cambio, el elevador de la escápula está casi completamente cubierto por el trapecio:

cuello

Calor.

Ya sea húmedo o seco, los músculos tensos responden muy bien al calor.

Dejar correr el agua caliente sobre la zona durante la ducha, toallas húmedas, saquitos de semillas sobre el cuello, etc. son opciones interesantes para calentar los músculos afectados y ayudar así a su distensión.

Movilizaciones lentas indoloras.

Vamos a mover el cuello y los hombros lentamente, de manera indolora, en todas las direcciones posibles, aumentando poco a poco la amplitud de los movimientos, pero sin que duela. Con ello seguimos incrementando la temperatura de los músculos y estructuras afectadas, y facilitando su relajación y la recuperación de su longitud normal.

Automasaje.

Este autotratamiento nos va a permitir estirar de manera local el músculo, incidiendo directamente sobre las contracturas mediante presiones mantenidas y deslizamientos sobre la zona muscular afectada.

Estiramiento.

El estiramiento nos va a permitir la normalización del estado muscular, eliminando el espasmo, recuperando su longitud y su tono de base. Es interesante combinar los estiramientos con ejercicios de relajación post isométrica y con la aplicación de calor. Así que realizarlos mientras nos damos una ducha o baño caliente, será fantástico.

Repetir movilizaciones.

Es probable que después de las técnicas de auto-masaje y estiramiento, junto con el calor aplicado, hayamos ganado movilidad. Por ello es importante repetir los movimientos indoloros de cuello y hombros después de la sesión, para que nuestro cerebro “registre e integre” esas ganancias y las incluya de nuevo en el patrón de movimiento.

Modificar pautas y fortalecer la musculatura.

La parte más importante del tratamiento, como ya hemos comentado en otras ocasiones, será modificar ciertos hábitos, posturas y errores ergonómicos y fortalecer y/o equilibrar la musculatura. Para ellos debes acudir a un fisioterapeuta que estudie tu caso concreto y establezca un plan específico.

Esperamos que estos consejos os hayan ayudado a mitigar un poco vuestro dolor, si bien os recomendamos acudir a un fisioterapeuta que diagnostique vuestro caso concreto y os de el tratamiento más específico y añada las rutinas de fortalecimiento pertinentes.

¡Ánimo!

 

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