Entre los rincones de nuestra anatomía se encuentran, escondidos y olvidados, ciertos grados de movilidad que hemos dejado de usar. Por diferentes motivos, vamos poco a poco enterrando o limitando parte de nuestra movilidad corporal.
No estamos hablando en este artículo de las restricciones de movilidad propias del envejecimiento (de las cuales también hablaremos en otro artículo).
Tampoco nos referimos a la pérdida de movilidad que acarrea el reposo o la inmovilización necesarios tras una fractura, por ejemplo.
Hablamos de esos movimientos cuya amplitud, consciente o inconscientemente, hemos ido reduciendo o limitando sin que exista ninguna causa real para ello.
Tras una caída o un accidente, el dolor o el simple miedo a tenerlo, nos llevan a evitar o limitar el movimiento que lo causó. Nuestro cerebro, con su “maldita” capacidad de adaptación, registra e interioriza esos nuevos movimientos restringidos como si fueran de una amplitud normal, sin que nos demos ni cuenta.
Después de un daño o lesión hay que recuperar la movilidad completa cuanto antes, evitando que se instauren y cronifiquen las restricciones adquiridas.
En muchas otras ocasiones, ni si quiera necesitamos una lesión o un traumatismo para reducir progresivamente la amplitud de nuestros movimientos: las malas posturas, las cargas repetidas, incluso el estrés o la ansiedad, son capaces de ir poco a poco tensando y acortando nuestros músculos. El cerebro irá registrando como normales estos nuevos patrones de movimiento reducido causados por una musculatura contracturada. Hay que evitarlo como sea.

Toca por tanto profanar esa tumba de los grados olvidados, recuperar la movilidad perdida, la funcionalidad y la fuerza que corresponde a cada músculo y a cada articulación.
No, no se trata de volvernos locos haciendo estiramientos y cabriolas más propios del Circo del Sol. Se trata de hacer todos los días movimientos básicos de amplitud completa e indolora de todo el cuerpo. Por norma general, tenemos una movilidad indolora mayor que la que usamos en nuestro día a día.
Al hacer ejercicios con movimientos de gran amplitud, recuperaremos esos grados de movilidad que hemos dejado de usar, mejorando nuestro estado de salud general.
En tu rutina de movimientos debes incluir todo el cuerpo, centrando tu atención en la región del cuello, los hombros, la espalda y las caderas, pero sin olvidar el resto de las articulaciones. Cuidado: como vamos a hacer movimientos amplios, no debes hacerlos cuando tu cuerpo esté frio y agarrotado: debes calentar la musculatura poco a poco, con algún ejercicio aeróbico breve (caminar, trotar, bici o elíptica…) y con movimientos de menor a mayor amplitud progresivamente.
Aquí te dejamos algunos vídeos de rutinas básicas que podéis encontrar en la web www.fisioterapia-online.com y que os pueden resultar interesantes.
Movilización de cuello:
Movilización global de espalda:
Ejercicios para hombros y espalda:
https://www.fisioterapia-online.com/videos/corregir-los-hombros-adelantados-y-caidos-3-ejercicios




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