El café es una de las bebidas que más se presta a rituales, modalidades y combinaciones diferentes. Cortado, solo, solo largo, cortado con leche del tiempo, con leche de soja, bombón, cortado largo de leche, descafeinado de máquina con la leche templada… Hay camareros que se han sacado la oposición de notario después de tres veranos en la plaza mayor de Madrid. ¡Qué memoria tiene que desarrollar esa gente! Bueno, memoria y paciencia…
Tomar un café, como tomar una cervecita, es un acto social de primer calado. El café es testigo de rupturas, de primeras citas, de confesiones, de acuerdos comerciales… Es un ritual de viajes, de pausas de estudiantes y de encuentros de oficina.

Pero, a pesar de todo, el café no goza de muy buena reputación aunque tampoco haya grandes motivos para ello. Esos peligros que se le atribuyen están asociados a un consumo excesivo, lo que tampoco le diferencia del resto de cosas que comemos o bebemos. Cualquier exceso, hasta de agua, puede llegar a ser perjudicial para la salud. Veamos detenidamente las propiedades, beneficios y peligros del consumo del café.
Índice de contenidos
Propiedades
Ayuda a quemar grasas.
El café aumenta nuestro metabolismo, lo que se traduce en un mayor consumo energético, ayudando a quemar y controlar el exceso de grasas.
Nos mantiene activos y retrasa la aparición de la fatiga.
Su contenido en cafeína nos mantiene despiertos, activos, con más energía durante más tiempo y retrasa la fatiga. Pero ojo, no se debe abusar de su consumo.
Reduce el riesgo de diabetes tipo II.
Diversos estudios demuestran que el consumo de café está relacionado con un menor riesgo de padecer esta enfermedad.
Protege el hígado.
Múltiples estudios han encontrado que el consumo de café puede prevenir diferentes enfermedades y problemas hepáticos como la cirrosis.
Fuente de nutrientes y antioxidantes.
El café tiene vitaminas, minerales esenciales y antioxidantes que previenen el envejecimiento celular. Varios estudios han encontrado una menor mortalidad entre los consumidores de café.
Composición.
Un café solo es básicamente agua y ciertas cantidades de vitaminas (niacina, riboflavina), minerales (potasio, magnesio, sodio) y antioxidantes como los polifenoles.
Aquí os dejamos una comparativa nutricional de algunas maneras de tomar el café.

Hemos dejado fuera de la lista todos esos subproductos comerciales que son de todo menos café. Debemos huir de esas mezclas acarameladas, chocolatadas, edulcoradas, con envases comerciales muy atractivos. Solo leer la lista de ingredientes de esos productos ya nos debería poner alerta. Recordad: cuantos menos ingredientes aparezcan, mejor.
Estos son los ingredientes que podéis encontrar en algunos de esos “cafés” con cosas.

Riesgos y contraindicaciones.
Puede incrementar el estrés.
Cualquier bebida que contenga cafeína y otros estimulantes puede agravar un problema de estrés que ya tengamos de base. Así que una de las propiedades esenciales del café puede convertirse en un problema en esos casos concretos y, por tanto, no deberíamos consumirlo.
Necesidad creciente de consumo.
Como sucede con otros estimulantes, nuestro cerebro sufre una adaptación a las dosis de cafeína que aporta el café, haciéndose necesario incrementar progresivamente la cantidad consumida para obtener los mismos efectos de activación o de reducción del cansancio. Para evitar ese consumo excesivo, podemos hacer “depuraciones” periódicas, prescindiendo del consumo de café un tiempo, para así deshabituar de nuevo al cerebro y que vuelva a reaccionar a dosis más bajas de cafeína.
Problemas digestivos.
Hay algunos estudios que encuentran relación entre el consumo de café y cierta irritación gástrica, reflujos, etc. Pero otros estudios demuestran lo contrario. Es posible que los problemas digestivos asociados al consumo café estén relacionados con las “malas compañías” con las que lo tomamos, como azúcares, grasas, etc. A veces, eliminando estos acompañantes se soluciona el problema. Aun así, la tolerancia o los efectos de los alimentos en cada persona son únicos y si tenemos malas experiencias con el café, mejor no tomarlo.
Ciertos riesgos que se atribuyen al consumo de café están asociados a la cafeína que contiene. Una persona adulta normal, sin patología de base, puede tomar hasta 400 mg de cafeína al día, lo que equivale a unos 3 cafés solos en taza pequeña.
No debemos olvidar que hay otras bebidas y alimentos que contienen cafeína como el té, el chocolate o algunos refrescos. Si los consumimos habitualmente, habrá que tenerlo en cuenta y reducir el consumo de café para no pasarnos de ese máximo aconsejado de 400 mg de cafeína al día.
Curiosidades.
¿Qué es el café?
El café es la semilla del fruto del cafeto, un árbol que puede alcanzar hasta 10 metros de altura y que crece sobre todo en zonas altas de países tropicales y subtropicales como Brasil, Colombia, Etiopía o Vietnam.
¿Cómo y dónde se descubrió el café?
Cuenta la leyenda que un pastor de Etiopía, Kaldi, vio cómo sus cabras, después de comer las hojas y bayas de unos árboles, se ponían muy contentas y no se echaban la siesta. Decidió entonces recoger algunas de esas bayas y probarlas, experimentando él mismo el efecto vigorizante que habían mostrado sus animales. La difusión de las propiedades energizantes de aquellas semillas fue expandiendo el consumo y el interés creciente por los frutos mágicos de aquel extraño árbol.

¿En qué país se consume más café?
Los estadounidenses son los grandes consumidores de café. Más de 50% de la población de EEUU consume café todos los días.
¿Dónde se abrió la primera cafetería?
Parece que la primera cafetería se abrió en Constantinopla en 1475. Fueron los musulmanes los que introdujeron el café en Persia, Egipto y Turquía. Su entrada en Europa, vía Venecia, allá por 1615, hizo proliferar estos locales por todo el mundo. Italia, con una gran fama cafetera, cuenta con… ¡más de 100.000 cafeterías!
¿De dónde procede el nombre de café?
El origen del café se sitúa en Kaffa, una provincia de Etiopía. Algunas referencias dicen que, por tanto, de ahí viene el término café. También se dice que el nombre original del café proviene del término árabe Qahwa, cuyo significado es “estimulante”, evolucionando después al término turco Kahveh, que se refería al “fruto” de aquella planta. Ya en su entrada en Europa por Venecia tomó el nombre italiano de caffe.
Compra y conserva.
El mundo del café ha evolucionado y experimentado un crecimiento exponencial en los últimos años. Cada vez se demanda más calidad y la cultura del café está calando hondo en la sociedad, dejando mucho poso… Disculpad la broma fácil, jeje…
En el mercado la oferta es enorme. En función de nuestro tiempo, dinero y posibilidades podemos decantarnos por muchas opciones diferentes.
El café en grano y recién tostado es la mejor opción si queremos disfrutar de todos su aromas y matices.
Para ello, debemos contar con un molinillo en casa. Lo ideal es moler la cantidad que se va a consumir y conservar el resto, en grano, en un recipiente hermético y opaco, en un lugar fresco y seco, alejado de la luz y de fuentes de calor para evitar que se oxide y pierda sus propiedades y características.
Si compramos el café ya molido, seguiremos los mismos consejos de conserva que para el café en grano. El café molido se deteriora antes, por tanto, será importante seguir los consejos anteriores a rajatabla para que no se oxide.
Cocinado.
El café ya no es solo una bebida mañanera ni un ritual de sobremesa. Las posibilidades culinarias de esta semilla han pasado de las tazas a los platos, de los vasos a las tarrinas de helado, de los postres a los platos principales… También muchas bebidas espirituosas usan el café como ingrediente esencial.
Si sois aventurados, echad un ojo por internet y probad alguna de las sorprendentes recetas de pollo o solomillo al café, por ejemplo.
Esperamos que os haya resultado interesante el artículo, aunque se nos han quedado muchas cosas en el tintero…
¡Si queréis, otro día quedamos a tomar un café y os contamos más cosas!



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